De pie en el Puente de los Agujeros, puedes escuchar el suave flujo del río Escaut debajo de ti, sus aguas brillando con la suave luz de la mañana. El aire lleva un toque de tierra húmeda mezclado con el ligero aroma de pasteles frescos de una panadería cercana. Puede que escuches el sonido distante de risas de niños jugando en el parque, su alegría resonando en la tranquilidad de la mañana. El puente en sí, una mezcla de piedra y hierro forjado, tiembla ligeramente mientras un ciclista pasa.
Al comenzar, cruza el puente y sigue por la Rue de la Station, donde el terreno es plano y está alineado con edificios pintorescos. La atmósfera cambia a medida que te acercas a la Place de l'Evêché, donde la Catedral de Tournai se alza imponente con sus impresionantes torres. La plaza se llena con el aroma del café tostado de los cafés circundantes, y puedes notar el vibrante murmullo de los locales disfrutando de sus rituales matutinos. Continuando por la Rue du Moulin, las calles se vuelven más estrechas, las piedras del pavimento un poco irregulares bajo los pies, llevándote hacia la Abadía de San Martín.
Ten cuidado al navegar por los adoquines irregulares, especialmente en la Rue de la Station donde pueden ser particularmente empinados. Mantente alerta a los ciclistas que se deslizan entre los peatones y cuida tus pertenencias - los carteristas pueden ser una preocupación en áreas concurridas. Si planeas visitar la abadía, verifica los horarios de apertura con anticipación, ya que pueden variar según la temporada.
Para esta caminata, es esencial llevar calzado cómodo dado que las calles son adoquinadas. Lleva una botella de agua para mantenerte hidratado, especialmente en los meses más cálidos. También podrías querer llevar un impermeable ligero o un paraguas si caminas durante la temporada de lluvias. La mejor hora para disfrutar de la ruta es por la mañana temprano o por la tarde, ya que la luz es más suave y las calles menos concurridas.
El mejor momento de esta caminata llega justo cuando te acercas a la Abadía de San Martín, quizás durante la hora dorada cuando la luz del sol baña la abadía en un cálido resplandor. El suave murmullo del río cercano se mezcla con el susurro de las hojas, y el aroma de la hierba fresca llena el aire, creando un contraste pacífico con el bullicio anterior de la ciudad.
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