De pie en el Campanario de Tournai, el sonido de las campanas llena el aire, marcando el paso del tiempo con un eco rítmico. Puedes oler los pasteles frescos de las panaderías cercanas, su aroma mantecoso mezclándose con el aire fresco de la mañana. Mientras miras a tu alrededor, el intrincado trabajo en piedra del campanario se eleva alto, proyectando una larga sombra sobre la plaza empedrada donde los lugareños se reúnen, compartiendo conversaciones silenciosas y risas.
Al comenzar tu caminata hacia el Puente de los Huecos, te deslizarás por la Rue de la Madeleine, donde los adoquines se mueven bajo tus pies, cediendo ante la ligera inclinación de la calle. La densidad de los edificios comienza a cambiar, con encantosas fachadas dando paso a estructuras más modernas. Los sonidos del tráfico se mezclan con el murmullo de la gente, y puedes captar un aroma a café tostado de un café cercano. Continuando, girarás en la Rue de la Tête de Bœuf, donde la luz se filtra a través de los árboles, creando patrones moteados en el suelo, y la atmósfera se siente más relajada a medida que te acercas al río.
Presta atención a los adoquines irregulares en el camino; pueden ser complicados, especialmente si no estás prestando atención. El tráfico puede ser un poco caótico a veces, particularmente cerca de las intersecciones, así que es prudente mantenerse alerta. La zona puede llenarse durante las horas pico, por lo que es buena idea mantener tus pertenencias cerca para evitar a los carteristas. La mayoría de las tiendas y cafés están abiertos durante todo el día, pero si esperas comer algo, verifica los horarios de apertura de antemano, ya que pueden variar.
Para esta caminata, es esencial llevar calzado cómodo; las calles adoquinadas pueden ser duras para los pies. Lleva una botella de agua para mantenerte hidratado, especialmente si es un día soleado. Dependiendo de la temporada, una chaqueta ligera o un paraguas pueden ser una buena idea, ya que el clima puede ser impredecible. La primera hora de la mañana o la tarde es ideal para un paseo, ya que la luz es más suave y las calles menos concurridas.
El mejor momento de esta caminata es cuando llegas al Puente de los Huecos justo antes del atardecer. La luz dorada se refleja en el agua, iluminando los arcos del puente y creando una escena serena. Mientras estás allí, puedes escuchar el suave murmullo del río contra las piedras, y el aire está lleno del dulce aroma de las flores en flor de la ribera, señalando el cierre de otro día.

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