Al estar en la entrada del Santuario Futarasan, te recibe el aroma terroso de los árboles de cedro mezclándose con el tenue aroma del incienso que proviene del santuario mismo. El sonido de las hojas susurrando domina, interrumpido ocasionalmente por el suave tintineo de las campanas del templo a lo lejos. La luz del sol se filtra a través de las ramas de los árboles, proyectando patrones moteados en el camino que tienes por delante. Se siente sereno, casi reverente, mientras te preparas para comenzar tu caminata hacia Shinkyō.
Al salir del recinto del santuario, pasearás por el tranquilo camino de Takumizaka, donde el terreno desciende ligeramente. La atmósfera cambia; el aire se vuelve más fresco a medida que pasas bajo el denso dosel de árboles. Te encontrarás con el pintoresco Santuario Kumano, anidado entre piedras cubiertas de musgo, donde el aire está impregnado del olor a tierra húmeda. Continuando por la ruta, llegarás a las bulliciosas calles de la ciudad de Nikkō, donde los sonidos de las conversaciones y el olor de la comida callejera comienzan a llenar el aire, un marcado contraste con la tranquilidad de los santuarios.
Ten cuidado al navegar por los caminos de adoquines; pueden ser irregulares y empinados en algunos lugares, especialmente cerca de las entradas de los santuarios. El tráfico puede ser una preocupación a medida que te acerques a las calles más concurridas, así que mantén un ojo en los vehículos. Aunque pueden surgir barreras lingüísticas, la mayoría de los letreros son bilingües, y los locales generalmente son serviciales. Solo ten cuidado con los carteristas en áreas concurridas, particularmente cerca de los puestos de comida o durante festivales.
Para esta caminata, es esencial un calzado cómodo debido al terreno irregular y la posibilidad de zonas resbaladizas. Lleva agua para mantenerte hidratado, especialmente si es un día cálido, y considera llevar una chaqueta ligera si caminas en los meses más frescos. Un paraguas o protector solar podrían ser útiles, dependiendo de la temporada y el pronóstico.
El mejor momento de esta caminata es, sin duda, cuando llegas a Shinkyō al atardecer. A medida que el sol se pone, el puente comienza a brillar con la cálida luz que se refleja en el agua de abajo. El aire se enfría, y puedes escuchar el suave flujo del río, creando un telón de fondo perfecto para la serena belleza de la escena. Es un momento que te invita a pausar y respirar todo esto.


