Al estar en la Basilica del Voto Nacional, te reciben las intrincadas tallas de piedra que se elevan por encima, con sus agujas góticas alcanzando el cielo. El aroma del pan fresco proviene de una panadería cercana, mezclándose con el aroma terroso de la plaza circundante. Escuchas el suave murmullo de los locales conversando y el sonido distante de los vendedores ambulantes llamando. El aire es fresco, con un toque de altitud que te recuerda que estás en los Andes.
Al comenzar tu camino, caminarás por la Calle de la Ronda, una calle estrecha flanqueada por edificios coloniales que cobran vida con murales coloridos. Las piedras del pavimento bajo tus pies se mueven ligeramente, recordándote que debes mirar donde pisas. La atmósfera pasa de la grandeza de la basílica a la sensación más íntima del vecindario, donde los sonidos de la música en vivo y las risas se escapan de pequeños cafés. Continuando, pasarás por la Plaza San Francisco, donde el aroma de las carnes asadas llena el aire y el vibrante mercado zumbra de actividad.
Ten cuidado con las empinadas calles adoquinadas, que pueden ser complicadas, especialmente si ha llovido. El tráfico puede ser impredecible, así que ten precaución al cruzar las calles. Los vendedores ambulantes pueden acercarse a ti con sus productos, pero una sonrisa amistosa y un educado “no, gracias” deberían ser suficientes. Es mejor mantener tus pertenencias cerca, ya que los robos pueden ocurrir en áreas concurridas.
Usa zapatos cómodos para el terreno desigual, y no olvides llevar agua, especialmente si caminas durante el calor del mediodía. Las gafas de sol y un sombrero son aconsejables para los días soleados, mientras que una chaqueta ligera puede ser útil si caminas por las noches más frescas. El clima de Quito puede cambiar rápidamente, así que estar preparado es clave.
El mejor momento de esta caminata ocurre cuando te acercas a la Iglesia de la Compañía de Jesús, justo cuando el sol comienza a ponerse. La luz dorada proyecta un cálido resplandor sobre la intrincada fachada, iluminando los detalles de la arquitectura. Puedes escuchar el tenue repique de las campanas resonando en el aire, fusionándose con los sonidos de la ciudad que se apaga por la noche. Es un momento donde el tiempo parece detenerse, y la belleza del entorno se hace evidente.


