De pie frente a Coricancha, el sol derrama luz sobre las antiguas paredes de piedra, calentando el aire a tu alrededor. El aroma de hierbas frescas proviene de un puesto de mercado cercano, mezclándose con el aroma terroso de las piedras. Los lugareños charlan en quechua, sus risas resonando, mientras el suave sonido de una flauta flota por la calle, creando una atmósfera animada. Sientes el pulso de la ciudad, una mezcla de pasado y presente.
A medida que te pones en marcha por la Avenida El Sol, el terreno cambia ligeramente; la acera es suave, pero pronto te encontrarás con algunos adoquines irregulares. La avenida bulle de actividad, con tiendas a ambos lados, vendiendo de todo, desde textiles hasta comida callejera. Al girar en la Calle de la Servanda, los sonidos cambian; aquí, escucharás el clamor de ollas de un pequeño restaurante y el ocasional ladrido de un perro callejero. La luz se filtra a través de los edificios, proyectando sombras juguetonas mientras navegas por los callejones estrechos.
Ten cuidado con los adoquines irregulares que pueden hacerte tropezar si no tienes cuidado. El tráfico puede ser impredecible, especialmente con la abundancia de taxis y motocicletas que pasan a toda velocidad. Estate atento a los carteristas mientras pasas por áreas más concurridas, particularmente cerca de los mercados. Si planeas visitar alguna tienda o restaurante, verifica sus horarios de apertura, ya que algunos pueden cerrar temprano por la tarde.
Para este paseo, usa zapatos cómodos ya que estarás navegando tanto por aceras suaves como por adoquines. Una botella de agua es una buena idea, especialmente si caminas bajo el sol de la tarde. Si visitas durante la temporada de lluvias, una chaqueta ligera o un paraguas serán útiles, ya que pueden ocurrir lluvias repentinas.
El mejor momento de este paseo es cuando llegas a la Iglesia de la Compañía de Jesús justo antes del atardecer. La luz dorada baña la fachada, iluminando las intrincadas tallas y dando a la piedra un brillo cálido. El aire se enfría un poco, y los sonidos de la ciudad comienzan a suavizarse, dejándote con una sensación de paz mientras disfrutas de la belleza que te rodea.


